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(Penitencia, Penitencia, Penitencia …grito el Ángel del Señor en Fátima) IMPORTANTE MENSAJE DE JESÚS (Isabel de España) “…El tiempo ha pasado: vengo para juzgar, vengo para reinar, vengo para salvar. El tiempo ha terminado: ¿dónde estabas cuando clamaba a tu puerta? ¿Por qué huiste de Mí? ¿Por qué no Me quisiste? El tiempo ha terminado: no desfallezcas, habitante de Sión, porque comienza el tiempo de los dolores para esta humanidad pobre y descarriada que no ha querido a su Dios. Se enfrenta a su propio destino. No permitiste que fuera tu Creador quien creara tu destino …La justa ira de Dios va a caer sobre el mundo: es el tiempo de la justicia. El tiempo de la Misericordia ha pasado: lo has desechado tú, lo has rechazado tú. Yo estoy en la cruz por ti, por tu salvación, por el perdón de tus pecados, y tú ¿qué haces? Blasfemas, Me hieres, Me abofeteas, Me escupes, Me ignoras, Me pisoteas …Todo ha terminado, todo va a terminar: es el tiempo final de la recolección. ¡Ay de ti si te has olvidado de Mí!, porque no habrá quien te ayude, no habrá lugar en que puedas esconderte del mal que voy a enviar sobre la Tierra…”

11 de febrero de 2017

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CUARTO MENSAJE,
7 DE OCTUBRE, 2014

“Aquí estoy para juzgar la Tierra, el mundo.

Juzgaré hasta los confines de la Tierra, nada escapará a Mi ira, porque estuve a tu puerta[1] y no me abriste. ¿Qué fui para ti?, ¿dónde estabas cuando esperaba a tu puerta? Ya no tiene remedio. El tiempo ha pasado: vengo para juzgar, vengo para reinar, vengo para salvar. El tiempo ha terminado: ¿dónde estabas cuando clamaba a tu puerta? ¿Por qué huiste de Mí? ¿Por qué no Me quisiste? El tiempo ha terminado: no desfallezcas, habitante de Sión, porque comienza el tiempo de los dolores[2] para esta humanidad pobre y descarriada que no ha querido a su Dios. Se enfrenta a su propio destino. No permitiste que fuera tu Creador quien creara tu destino, un destino de paz, amor y misericordia, una casa familiar de padres, de hijos, de amor. No lo permitiste, quisiste crear una familia de chacales que se devoran unos a otros. Éste es el mundo que tú has creado, habitante de Sión. No habrá piedad: los gritos de los justos claman al cielo, la sangre de los inocentes está ante Mi Padre, los ángeles lloran por el destino de este mundo. ¿Qué has hecho?, ¿en qué has convertido el mundo que Yo te entregué? En una guarida de chacales, de lobos, de alimañas, de perversión, de maldad. La justa ira de Dios[3] va a caer sobre el mundo: es el tiempo de la justicia. El tiempo de la Misericordia ha pasado: lo has desechado tú, lo has rechazado tú. Yo estoy en la cruz por ti, por tu salvación, por el perdón de tus pecados, y tú ¿qué haces? Blasfemas, Me hieres, Me abofeteas, Me escupes, Me ignoras, Me pisoteas. ¿Cuánto más tendré que soportar de ti perversión y maldad, olvido e ingratitud?, ¿hasta cuándo tendré que soportarte?[4] Todo ha terminado, todo va a terminar: es el tiempo final de la recolección[5]. ¡Ay de ti si te has olvidado de Mí!, porque no habrá quien te ayude, no habrá lugar en que puedas esconderte del mal que voy a enviar sobre la Tierra[6]. Los justos brillarán con su luz, serán como lámparas encendidas[7] en medio de las tinieblas. El Hijo del Hombre los reconocerá porque son Suyos, son frutos de Su Sangre; pero tú, que aborreciste el mal, también tendrás que sufrir porque Mi brazo caerá sobre la Tierra, sufrirás el mal de tus hermanos. ¡Ay de ti, Corazaín[8]! ¡Ay de ti, pueblo Mío, que no has mirado a tu Salvador, que has rechazado la salvación! ¿Dónde podrás esconderte cuando lleguen los dolores?, ¿dónde encontrarás tu guarida? Guarida de lobos y chacales, que te despedazarán.

Llora, llora amargamente porque es el tiempo de los dolores. El tiempo ha pasado, llegue hasta ti este clamor. Vístete de penitencia[9], llora por los pecados del mundo, porque el tiempo final ha empezado. No habrá misericordia para los que amaron el mal, los que hicieron daño a Mis hijos del alma, para los que hicieron daño a Mis elegidos. Sus lágrimas son Mías, su amor está en Mí, es Mi consuelo, Mi delicia: por ellos el mundo no es destruido para siempre.

Hay una oportunidad, un año de salvación[10]: allí se dirimirán el culpable y el inocente. No hay más tiempo: todo ha empezado; no soporto tanta maldad. El grito de los justos, de los inocentes, el Cielo ya no lo puede contener. ¿Hasta qué extremo has llegado, pueblo Mío? Conviértete y salvarás tu alma; conviértete, conviértete, ya no hay tiempo. Mi Madre está con vosotros, escuchadla. Ella lleva Mi mensaje para vosotros, de amor, de ternura, de paz, de salvación; amadla, respetadla, porque es vuestra Madre. No hagáis sufrir más al Padre Eterno, os lo pido, por favor. Ya basta; tanta maldad, tanta ingratitud, ¿hasta cuándo, pueblo Mío, tendré que soportaros?

Estoy aquí para salvaros, agarraos fuertemente a Mí, fuerte a Mi cruz, cogeos de Mi mano. Mis llagas os han curado[11]; mirad el árbol de la Cruz, el árbol que os dará sombra en los momentos de furor. Mi Padre os espera en el cielo para daros una eternidad de Amor. Amad a Mi Padre, a vuestro Padre que tanto os ama, y tened compasión de Mí, que sufro cada día por vosotros, hijos de Mi Alma, que os engendré con Mi Sangre para la vida eterna. No desperdiciéis Mi Sangre: fue vertida por vosotros[12], por vuestra salvación y os he engendrado con Mi Sangre a una nueva vida que os espera.

Ayudaos, ayudaos mutuamente. Amad a vuestro Dios, a vuestro Salvador y permaneced fieles a Mi Amor. Yo vuelvo a por vosotros y os llevaré al Reino de Mi Padre eternamente[13]”.

Silencio.

“Los sacerdotes, ¡ay!, los sacerdotes serán juzgados con rigor, porque en ellos se depositó el cuidado y la protección de Mi pueblo. Rezad por ellos, porque ellos deben ayudaros con su ministerio; ministerio que ha sido arrasado por el mal en tantos y tantos sacerdotes. Tened compasión de Mí que sufro tantas ingratitudes de Mis amigos, de los que fueron llamados a estar Conmigo en la cruz y en la Gloria y Me han abandonado, rechazado y han herido a Mi pueblo. ¡Ay de vosotros cuando estéis ante el Hijo del Hombre!, porque heristeis a Mi pueblo, a Mi pueblo amado, querido y santo, porque Yo estoy en medio de ellos. No Me hagáis más daño, por compasión. ¡Basta ya, basta ya de tanta maldad! Amad, amad a Mi pueblo santo, consolad sus heridas, protegedle como una gallina a sus polluelos[14].

No le dejéis a la intemperie, protegedle con vuestra vida como vuestro Maestro[15]. Mirad que el mal está cerca y quiere destruir. Proteged a Mi pueblo del lobo, del león ávido de sangre inocente, de la víbora infernal, defendedlo con vuestra sangre si es preciso. Se os pedirá cuenta y no tendréis dónde esconderos. Aquel día será negro y oscuro para los que hayan abandonado a Mi pueblo, debiendo servirle con amor paternal.

Cuidad Mi Santísimo Cuerpo, no se lo deis a las hienas, a los lobos, no es para ellos. Cuidad y velad Mi Santo Cuerpo, pues os ha sido confiado para Su custodia. Se os pedirá cuenta de tantos ultrajes como podíais haber evitado. No es vuestro, es de Dios, sois sus custodios, no sus amos.

Volved a la pureza, a la sensibilidad de lo puro, de lo hermoso, de lo laudable. Apartaos de la basura, de la tosquedad, de lo burdo: no es para vosotros. Vuestras manos son las Mías, vuestro cuerpo es el Mío. Hablad con reverencia. Mis pastores llevan el báculo de Mi Padre: comportaos como tales. ¡Cuánta ignominia, cuánto mal entre vosotros! Mi Padre está asqueado de tanta perversión. ¡Basta, basta ya! Sois ministros de Dios, sois los protectores de Mi pueblo, no sois sus verdugos. No hagáis daño a Mis sacerdotes santos con vuestras burlas, incomprensiones, críticas y maledicencias. ¡NO! ¡Dejadlos, no los toquéis! Son Mis pastores buenos y santos que Me ayudan con Mi pueblo, Mis hijos tan amados. Curan sus heridas, los hablan de Mí, tratan con reverencia los Misterios Santísimos y lloran por los pecados de Mi pueblo. Se ofrecen como hostias vivas, son agradables a Mi Padre Santo, que ve todo desde el cielo.

El día está cerca, abrid vuestro corazón al Señor que llega[16].

Hablad a todos de Mí, hablad a todos de Mi Salvación”.

________________________
[1] Ap 3, 20
[2] Mt 24, 8 ; Mc 13, 8
[3] Rom 1, 18 ; Rom 12, 19
[4] Mt 17, 17
[5] Ap 14, 18 ; Mt 13, 39
[6] Jer 23, 20
[7] Mt 5, 14 ; Lc 11, 33
[8] Lc 10, 13
[9] Jer 6, 26
[10] Is 61, 2
[11] Is 53,5
[12] Mt 26, 28
[13] Jn 14, 2-3
[14] Mt 23, 37
[15] 1 Pe 5, 4
[16] Mc 1, 15 ; Ap 1, 3 ; Ap 22, 10

Fuente:
http://www.elpastorsupremo.es/wp-content/uploads/2015/02/CUARTO-MENSAJE.pdf

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