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Mensaje de la Virgen al Movimiento Sacerdotal Mariano “…Hoy más que nunca, “el que me hallare, habrá encontrado la vida y recibirá del Señor la salvación”. Mi Adversario sólo esto teme; y hará todos los esfuerzos para alejarme aún más del corazón de mis fieles, para tenerme aún más oscurecida en la Iglesia. Ha empeñado Conmigo su más encarnizada batalla, la decisiva, en la cual uno de los dos quedará derrotado para siempre. (A los sacerdotes que …) Habiéndose dejado poseer por Mí con su consagración. Yo misma me manifestaré en ellos y por medio de ellos actuaré para herir el corazón de mi enemigo y para aplastarle la cabeza con mi talón. Pero estos Sacerdotes míos deben ahora comenzar a actuar; por ellos quiero volver en medio de mis fieles, porque es con ellos, en torno a mis Sacerdotes, como Yo quiero formarme mi ejército invencible. A mis fieles adheridos a mi Movimiento, les pido: …Que sean fieles al Papa y a la Iglesia a Él unida, con la total obediencia a sus mandatos, previniendo y secundando sus deseos, propagando sus enseñanzas, defendiéndolo de todo ataque, dispuestos a combatir hasta la efusión de la sangre,para estar siempre unidos a Él y ser fieles al Evangelio. Vendrá pronto un tiempo en el que sólo el que esté con el Papa logrará permanecer en la fe de mi Hijo y salvarse de la gran apostasía que se habrá esparcido por doquier…”

23 de febrero de 2015
1 de noviembre de 1973
Fiesta de todos los Santos
Mi ejército fiel.
«Quiero que cada Sacerdote, de mi Movimiento que se me haya consagrado, ore, sufra y obre para devolverme mi puesto en medio de mis fieles.
Hoy más que nunca, “el que me hallare, habrá encontrado la vida y recibirá del Señor la salvación”.
Mi Adversario sólo esto teme; y hará todos los esfuerzos para alejarme aún más del corazón de mis fieles, para tenerme aún más oscurecida en la Iglesia.
Ha empeñado Conmigo su más encarnizada batalla, la decisiva, en la cual uno de los dos quedará derrotado para siempre.
Ahora, en muchos aspectos, parece que el vencedor será él, mi Adversario; pero se avecinan los tiempos de mi gran retorno y de mi victoria completa.
Conmigo, en la lucha decisiva, quiero tener a mis hijos Sacerdotes: serán guiados por Mí, serán dóciles a mis mandatos, obedientes a mis deseos, sensibles a mis requerimientos.
Habiéndose dejado poseer por Mí con su consagración. Yo misma me manifestaré en ellos y por medio de ellos actuaré para herir el corazón de mi enemigo y para aplastarle la cabeza con mi talón.
Pero estos Sacerdotes míos deben ahora comenzar a actuar; por ellos quiero volver en medio de mis fieles, porque es con ellos, en torno a mis Sacerdotes, como Yo quiero formarme mi ejército invencible.
A mis fieles adheridos a mi Movimiento, les pido:
Que se consagren de manera especial a mi Corazón Inmaculadono cuidándose de formalidades externas o jurídicas, sino sólo de darse totalmente a Mí, para que Yo pueda disponer libremente de su existencia y ordenar toda su vida según mis designios.
Deben dejarse guiar por Mí, como niños. Deben volver a orar más, a amar más a Jesús, a adorarlo más en su Misterio Eucarístico, para que sea el Sol que ilumine toda su vida. ¡Qué alegría y qué don de amor comunicará Jesús en la Eucaristía a esos fieles a Mí consagrados!
Recen cada día el Santo Rosario para que se apresure mi gran retorno.
Que sean fieles al Papa y a la Iglesia a Él unidacon la total obediencia a sus mandatos, previniendo y secundando sus deseos, propagando sus enseñanzas, defendiéndolo de todo ataque, dispuestos a combatir hasta la efusión de la sangre,para estar siempre unidos a Él y ser fieles al Evangelio.
Vendrá pronto un tiempo en el que sólo el que esté con el Papa logrará permanecer en la fe de mi Hijo y salvarse de la gran apostasía que se habrá esparcido por doquier.
—Que observen los Mandamientos de Dios y practiquen cuanto mi Hijo Jesús ha enseñado para ser sus verdaderos seguidores. Así servirán a todos de buen ejemplo.
Deben serlo especialmente con un austero modo de vivir, con la repulsa de una moda cada vez más provocativa y obscena, combatiendo de todas las maneras la difusión de revistas y espectáculos inmorales y este continuo desbordamiento de un mar de fango que todo lo inunda.
Sirvan de buen ejemplo a todos por su pureza, por su sobriedad, por su modestia. Huyan de todos aquellos lugares donde se profana el carácter sagrado de su persona. Formen en torno a mis Sacerdotes, mi tropa fiel, mi gran “Ejército Blanco”.
Por medio de ellos volverá mi Luz en medio de las grandes tinieblas y mi candor inmaculado en medio de tanta corrupción de muerte.
Estos mis fieles hijos serán llamados y formados por Mí para esta gran misión: preparar este mundo a la gran purificación que le espera, para que pueda finalmente nacer un mundo nuevo, totalmente renovado por la luz y por el amor de mi Hijo Jesús, que reinará sobre todas las cosas.»
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