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Mensaje de Jesús al Padre Melvin Doucette “…Si no cumplís con lo que os digo, algo terrible os podría pasar. Mirad lo que sucedió cuando San Pablo iba en barco camino a Roma. Tenían muy mal tiempo, San pablo había recibido palabras de Mí y le dijo al centurión que no debían continuar navegando porque se perdería la carga e incluso algunas vidas. El centurión se negó a escucharlo y se desató una tormenta terrible, como un huracán, que provocó grandes daños. Deberían haber escuchado a San Pablo y habrían salvado el barco y su carga. Protegí a San Pablo para que pudiera llegar a Roma y, al hacerlo, salvé a todos los otros que estaban en el barco. No hubieran sufrido tanto si hubieran escuchado a Pablo y se hubieran quedado donde estaban….”

7 de octubre de 2014
23 y 24 de septiembre de 2014
“Tormenta y Naufragio.”
(Lectura de los Hechos de los Apóstoles 27: 6-12)
“Allí encontró el centurión una nave de Alejandría que navegaba a Italia y nos embarcó en ella.  Por varios días avanzamos poco y nos costó llegar a Cnido;  como el viento no era favorable, costeamos Creta a lo largo de Salmona, y pegados a la costa alcanzamos con dificultad un lugar llamado Puerto Bueno, próximo a la ciudad de Lasaya.  Habíamos perdido mucho tiempo y la navegación se volvía peligrosa.  Como había pasado la época del ayuno, Pablo aconsejó: -‘Observo, señores, que la navegación va a acarrear peligros y pérdidas, no sólo a la carga y a la embarcación, sino a nuestras vidas.’
Pero el centurión confiaba más en el capitán y en el patrón del barco que en Pablo.  Como el puerto no era apto para invernar, la mayoría prefería hacerse a la mar, con la esperanza de alcanzar e invernar en Fénix, un puerto de Creta orientado a noroeste y suroeste.”
 (Lectura de los Hechos de los Apóstoles 27: 13-26)
“Se levantó un viento sur, y pensando que el plan era realizable, levaron anclas y costearon de cerca Creta.  Muy pronto, del lado de la isla, se desató un viento huracanado, que llaman ‘Euroaquilón’.  El barco fue arrastrado, y como no podíamos navegar contra el viento, nos dejamos llevar a la deriva.  Mientras pasábamos al reparo de un islote llamado Clauda, logramos con mucho esfuerzo controlar el bote salvavidas.  Lo izaron a bordo y aseguraron la embarcación con sogas de refuerzo.  Por temor a encallar en las Sirtes, soltamos los flotadores y navegamos a la deriva.  Al día siguiente, como la tormenta arreciaba, empezaron a tirar parte del cargamento;  al tercer día, con sus propias manos, se deshicieron del aparejo del barco.  Durante varios días no se vio el sol ni las estrellas, y como la tormenta no amainaba, se acababa toda esperanza de salvación.
Llevábamos días sin comer cuando Pablo se puso de pie en medio y dijo: -‘Amigos, debían haberme hecho caso y no salir de Creta;  nos hubiéramos ahorrado estos peligros y pérdidas.  De todas maneras, les ruego que tengan ánimo, que no se perderá ninguna vida;  sólo la embarcación.  Anoche se me apareció un ángel del Dios a quien pertenezco y venero y me dijo: ‘No temas, Pablo;  tienes que comparecer ante el emperador;  Dios te concede la vida de los que viajan contigo.’  Por tanto, ¡ánimo, amigos!  Confío en Dios que sucederá lo que me han dicho.  Encallaremos en una isla’.”
Queridos amigos:
Hace unos años hice una Misa de Sanación en la Provincia de Quebec.  Vino a mí un hombre a quien le dolía mucho un pie y casi no podía caminar, pidiéndome que rezara por su curación.  Recé y le pedí al Señor que le sacara todo dolor para que pudiera caminar sin dificultad.  Unos días más tarde me llamó diciéndome que se había curado completamente y que podía caminar y correr sin problemas.  ¡Gracias Señor!
(A continuación encontraréis el mensaje de Nuestro Señor y Salvador entregado al Padre Melvin.   Jesús le habló con estas palabras:)
“Aceptad Mi mensaje y seguidlo, Mi hermano Melvin y todos Mis hermanos que Me conocéis y Me seguís.  Si no cumplís con lo que os digo, algo terrible os podría pasar.  Mirad lo que sucedió cuando San Pablo iba en barco camino a Roma.  Tenían muy mal tiempo, San pablo había recibido palabras de Mí y le dijo al centurión que no debían continuar navegando porque se perdería la carga e incluso algunas vidas.  El centurión se negó a escucharlo y se desató una tormenta terrible, como un huracán, que provocó grandes daños.  Deberían haber escuchado a San Pablo y habrían salvado el barco y su carga.
Estoy siempre presente para ayudaros pero con frecuencia no escucháis Mis palabras.  Si así lo hacéis debéis esperar algo terrible.  Es muy bueno, cuando viajáis, pedir protección para llegar a destino sin dificultades.  Estoy siempre allí para ayudaros.  Os bendigo a todos.”
“Es muy importante que escuchéis Mis palabras, mi hermano Melvin y todos Mis hermanos que creéis en Mí como vuestro Salvador.  Le había hablado a San Pablo para decirle que las personas a cargo del barco no debían salir porque estarían en peligro, pero no lo escucharon.  Salieron y en poco tiempo los golpeó un huracán y ya no pudieron controlar el barco.  Anduvieron a la deriva varios días y creían que morirían en esa tormenta.  Arrojaron por la borda parte del cargamento y pensaban que estaban perdidos.  San Pablo les habló otra vez diciendo que un ángel le había hablado durante la noche y le había dicho que nadie moriría pero que el barco encallaría.  El ángel le dijo a San Pablo que llegaría a Roma para poder ver al César.  Al final eso fue lo que sucedió y todos se salvaron.  Protegí a San Pablo para que pudiera llegar a Roma y, al hacerlo, salvé a todos los otros que estaban en el barco.  No hubieran sufrido tanto si hubieran escuchado a Pablo y se hubieran quedado donde estaban.
Os exhorto a todos a escucharme y os protegeré de cualquier daño.  Soy vuestro Amigo y deseo ayudaros.  Os amo a todos.”
Padre Melvin
Pequeño Santuario de Nuestra Señora de la Isla del Príncipe Eduardo
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