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Historias de heroísmo de sacerdotes católicos en dos naufragios —> En el Titanic y en la II Guerra Mundial. A través de la historia ha habido infinidad de actos de heroísmo de sacerdotes católicos. La particularidad de estas dos es que prefirieron quedarse con las personas que iban a morir, compartiendo su mismo destino, para consolarles

13 de junio de 2014
foto de la cubierta del titanic con sacerdote orando
 
Estas historias sirven para inspirar y, creo, nos obligan a cuestionarnos a nosotros mismos. Cuando uno escucha una historia como esta llega a aterrarse ante la escasez de su propia fe.

LA HISTORIA DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Esta es una historia transmitida por el fallecido actor David Niven sobre un desastre en el mar y el sacrificio de un sacerdote. David Niven contó la historia apasionante del episodio en un vuelo caótico de Francia después de Dunkerque en 1940.
Era un grupo abigarrado de personal de tierra de la Royal Air Force que quedaron atrapados – trabajadores de la Cruz Roja, mujeres, conductores de ambulancias y, por último, el personal de la embajada de París con sus hijos – en el momento en que llegaron a St. Nazaire, en la desembocadura del Loira.
Había más de tres mil de ellos y el gobierno británico envió un viejo transatlántico llamado el Lancastria para llevárselos, con tres destructores para protegerlo. Estaban tirando el ancla cuando llegaron tres bombarderos en picada.
Los destructores hicieron lo que pudieron, pero una imparable bomba abrió un gran agujero en un costado, y rápidamente empezó a hacer agua.
En la bodega había varios cientos de soldados. Ahora no había manera de que pudieran salir a cubierta a causa de que se estaba hundiendo.
Y un sacerdote católico, un hombre joven de la Real Fuerza Aérea en uniforme, tomó una cuerda y se dejó caer en la bodega para dar aliento y ayudar a los cientos de hombres en su última hora fatídica. Sabiendo que nunca podría salir, ni ellos podrían.
El barco se hundió y todos en esa bodega murieron. El resto fue recogido por los destructores y volvió a Inglaterra para el regimiento en que estaban, y muchos de ellos cuentan que mantuvieron la moral en alto con el sonido de los soldados en la bodega cantando.
Winston Churchill ocultó la noticia de la muerte de posiblemente más de 7000 hombres a la opinión pública, ya que podría haber dañado la moral.
Aunque el hundimiento del Lancastria puede ser el peor desastre marítimo en la historia de Gran Bretaña con más muertes que el Titanic y el Lusitania juntos, no ha sido realmente reconocido como tal.

UNA HISTORIA SIMILAR EN EL TITANIC

La historia inédita anterior es similar a la de los tres sacerdotes católicos que viajaban en el Titanic durante su viaje inaugural el 10 de abril de 1912, que se quedaron hasta el final con los pasajeros que no podían tomar los botes salvavidas: los padres Montvila, Peruschitz y Byles.
El P. Juozas Montvila, joven sacerdote nacido en Lituania, de acuerdo al testimonio de sobrevivientes, “sirvió su llamado hasta el fin“, rehusándose a escapar, mientras ayudaba a otros pasajeros a alcanzar los botes salvavidas. El P. Montvila es considerado un héroe en Lituania.
El P. Joseph Peruschitz, sacerdote benedictino alemán, durante el viaje, y a semejanza de los otros dos sacerdotes, escuchó confesiones y celebró Misa cada día.
En la mañana del domingo 14 de abril, el P. Peruschitz y el P. Thomas Byles, dijeron misa en el salón de segunda clase, y luego otra para unos 400 pasajeros de tercera clase. El P. Byles dio una homilía en Inglés y Francés, y el P. Peruschitz pronunció la suya en alemán y húngaro.
Del P. Thomas Byles todos los testimonios de los sobrevivientes coinciden en destacar el gran liderazgo y el valor demostrado por el sacerdote británico.
A las 2:20 de la madrugada del 15 de abril, la hora en que se hundió completamente el barco, el P. Byles, rezó el Acto de Contrición junto a los fieles que permanecían de rodillas junto a él, y les dio la absolución general.
Agnes McCoy, superviviente, relató los últimos momentos del sacerdote:
Cuando el Titanic se fue a pique, el Padre Thomas Bayle estaba de pie en cubierta rodeado de católicos, protestantes y judíos arrodillados a su alrededor. Byles rezaba el rosario y oraciones por el eterno descanso de las almas de aquellos que estaban a punto de perecer. Administró los últimos sacramentes a mucha gente. En la primera fase de la catástrofe escuchó muchas confesiones.
Rechazó por dos veces el bote salvavidas, en los que también ayudó a embarcar a otros. Pío X lo describió como “un mártir de la Iglesia”.
Según el testimonio de un sobreviviente que los divisó a la distancia mientras su bote se alejaba, en los últimos minutos de la tragedia, el P. Peruschitz junto al P. Thomas Byles dirigieron el rezo del Rosario junto a las víctimas que habían quedado a bordo, al tiempo que las olas llegaban a la cubierta. La mayoría eran mujeres de tercera clase a las que el clérigo había ayudado a ascender desde las dependencias inferiores del barco.
“Dios te salve, María, llena eres de Gracia…”, invoca el padre Byles.“Ruega por nosotros…”, súplica el coro de voces. Hasta las barcas en el agua llegaba el sonido de la plegaria mezclado con los acordes de la orquesta y el bullicio ronco de los pasajeros que deambulan por los corredores.
 
Fuentes: NC Register, The Priest Aboard The Titanic, Signos de estos Tiempos

 

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